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¡Miguel!
¡Lucía! ¡Son las 9:30 y todavía no estáis en la cama! ¿Cuántas veces os lo
tengo que repetir? ¡Mañana hay colegio! ¡Vamos!
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Sí
mamá, un minuto más, solo uno… ¡Mira mamá! ¿Ves que chulo este dibujo que
estamos haciendo? ¿Mira que bien me ha salido esta construcción? ¿Me ayudas a
terminar el puzzle?
-
¡Ya
es muy tarde! ¡Recoged todo ya!
Pasados 10 minutos, Miguel y
Lucía siguen hablando, jugando, y saltando en la cama…
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¡No
os lo repito más! ¡A dormir! ¿Me tengo que enfadar para que me hagáis caso? ¿A
quién tengo que castigar?
¿Nos sentimos identificados con
esta situación? Es muy habitual y se repite cada noche en muchas casas… Pero, ¿Por
qué ocurre? ¿Qué debemos hacer para que
la hora de irse a la cama no se convierta en una batalla?
Antes de dar algunos consejos prácticos que nos ayudarán a
manejar mejor el final del día, tenemos que recordar quién es nuestro hijo y qué pasa por su cabeza, algo que
se nos olvida con mucha frecuencia.
- Los
niños no tienen una noción clara del tiempo: El tiempo es un concepto muy abstracto para
los niños, no es algo que puedan ver, oler, tocar o escuchar, y no se pueden
guiar por elementos que durante esta etapa utilizan para su aprendizaje. Por
eso, entender qué hora es y cómo pasan los minutos, es muy difícil de comprender
para la mente de un niño. No es hasta aproximadamente los 10 años cuando
entienden el concepto del tiempo como nosotros. Bajo este “concepto” de tiempo,
se entregan de lleno a la actividad o juego que les ocupa en ese momento, y
todo lo demás carece de valor o importancia.
- Nuestros hijos desean estar con nosotros: Si a este deseo, sumamos que
habitualmente durante el día, entre el colegio de ellos y nuestro trabajo no ha
sido posible compartir unos momentos juntos, el niño tratará de alargar el día
con el propósito de compartir un encuentro con vosotros. No lo expresa verbalmente,
sino que es a través de su comportamiento como trata de robar minutos y/o
segundos al reloj, para lograr su objetivo: Tiempo con nosotros.
A partir de estas dos ideas,
podemos poner en práctica algunas iniciativas que nos ayuden a conseguir que la
hora de irse a la cama se convierta en algo agradable, y no en una lucha
continua, aburrida, y frustrante.
1) Decide una hora para acostarse y establece una rutina
Comunica al niño la hora a la
que queremos que se acueste y ayúdale a entender que ese momento llega al final
de una rutina habitual que le ayude a
integrar el concepto del tiempo.
Imaginemos que le decimos al
niño que la hora de irse a la cama es a las 9. Para que él entienda qué momento
del día es ese, explícale las secuencias temporales o el orden en el que van a
ocurrir las cosas dentro de la rutina nocturna. Por ejemplo: La hora de irse a
la cama viene después de la cena, lavarse los dientes y preparar la mochila
para el día siguiente. Esto es una rutina clara y concreta, que le ayudará al
niño a identificar que el momento de acostarse se acerca.
2) Incorpora una actividad de ocio a la rutina que puedas
compartir con tu hijo
Es necesario establecer un
tiempo de juego compartido dentro de la rutina nocturna. De esta forma, el niño
sabe de antemano que tendrá este tiempo
contigo, y no desarrollará un comportamiento rebelde o rabioso en torno al
momento de irse a la cama. Para el niño, todo el mundo gira en torno a sus
necesidades. Si considera que no ha satisfecho o completado su necesidad de
juego y tiempo contigo, la rutina no tendrá el efecto deseado.
Con esta actividad, que debe
ser corta (entre 10 – 15 minutos), le estamos enseñando a autorregular el
tiempo y a trabajar la paciencia, puesto que tiene que esperar a que termine la
actividad anterior para que llegue el momento de juego deseado.
Algunas ideas y consejos:
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Si
se trata de un juego, que no le estimule físicamente mucho. Si queremos algún
juego corporal, es bueno optar por ejercicios de relajación para bajar la intensidad
del día, utilizando la respiración como vehículo de conexión entre el cuerpo y
la mente. ¿Qué te parecería jugar a representar animales con el cuerpo? Uno se
convierte en un león dormido, mientras el otro es un perro roncando…deja fluir
tu imaginación para que este momento se convierta en un final de día
entrañable, generando una sensación cálida y confortable.
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Las
canciones o lectura de cuentos ayudan mucho a generar este clima agradable y
óptimo para finalizar el día.
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Preguntarle
por su día pidiéndole que te diga las tres cosas que mas le han gustado de su
día, y luego tú le cuentas a él otras tres cosas que te han gustado a ti. Con esto
favorecemos la comunicación y la cercanía entre padres e hijos.
Recuerda algo importante: No anuncies al niño actividades de la
rutina que más adelante no puedas llevar a cabo.
3) Decide cuándo terminar la rutina
Si no pones firmeza y decisión en cuándo acabar la
rutina y apagar la luz, ésta puede convertirse en algo cansado o
interminable. No cedas a las evasivas del niño, ni entres a la sugerencia de
“solo un cuento más…”. En lugar de esto, anuncia de antemano las historias que leeréis
esa noche, y cumple con lo acordado. También puedes utilizar elementos externos
como señalar las manillas de un reloj, indicándole en qué momento cerraremos el
libro y apagaremos la luz. También puedes programar o asociar una
campana/alarma para que cuando suene el niño sepa que ha llegado el momento de
acostarse.
4) Crea una rutina agradable y segura para tu hijo
Coloca
junto a la cama del niño aquello que le ofrezca seguridad: Su peluche, camión, muñeca,
mantita,… y hasta una cajita con una linterna si tu hijo ya ha logrado el
control de esfínteres nocturno, fomentando así su autonomía para levantarse por
la noche al baño.
Para el caso de los niños que
temen irse a la cama por miedo a la
oscuridad, la rutina puede incluir cuentos cuya moraleja o mensaje
implícito ayude al niño a asociar la noche con algo placentero, así como
realizar ejercicios de visualización que le lleven a evocar lugares seguros y
relajantes. Por ejemplo: “Vamos a hacer el juego del mar, cierra los ojos…
ahora voy a contarte como las olas del mar juegan a seguirse las unas a las
otras, como van y vuelven a casa”. El niño se mete en la cama y con los ojos
cerrados ve narrándole el cuento con un tono de voz suave y cada vez más lento.
Tras repetir este juego varias veces, también puedes sugerirle que continúe él
pensando sus propias escenas, las que él quiera imaginar.
¡Deja fluir tu imaginación, y convierte el “vamos a la cama” en
un momento especial!